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viernes, 22 de julio de 2011

MALNUTRICIÓN


En todo el mundo hay 800 millones de personas en peligro de morir por desnutrición. Según el Informe sobre la salud en el mundo, editado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente el cincuenta por ciento de las muertes de niños menores de cinco años tienen que ver con la desnutrición. Además, los que logran sobrevivir por lo general sufren de mala salud.
En el extremo opuesto, se afirma que hasta 800 millones de personas corren el riesgo de morir por sobrealimentación. Es posible que una dieta desequilibrada derive en enfermedades crónicas, como la obesidad, la arteriosclerosis, la hipertensión, la diabetes, la cirrosis y diversos tipos de cáncer. La OMS resume así el asunto: “La malnutrición abarca una amplia gama de males, como son la desnutrición, la deficiencia de nutrientes concretos y la sobrealimentación; además, es responsable de que muchas personas mueran o queden lisiadas, retrasadas y ciegas, y perjudica enormemente el desarrollo humano en todo el mundo”.
En un mismo país pueden darse ambos fenómenos: la desnutrición y la obesidad, y en el mismo hogar puede haber niños desnutridos y adultos con problemas crónicos de obesidad. En algunos casos, quien sufrió de desnutrición en la infancia es obeso de adulto, algo que puede sucederles a las personas que se van a vivir del campo a la ciudad.
Mucha gente no comprende la relación entre la salud y los hábitos alimentarios, tal vez porque los efectos de una mala alimentación no se manifiestan enseguida. Pero una dieta sana puede prevenir muchas enfermedades. De hecho, la OMS calcula que se evitaría hasta el 40% de los casos de cáncer con una mejor alimentación y ejercicio. Pues bien, ¿cómo mejorar la dieta?

¿Cómo mejorar la dieta?

Según algunos expertos, los alimentos se dividen en tres grupos principales. En el primero se encuentran los cereales —maíz, trigo, arroz, avena, centeno, cebada y mijo— y los tubérculos —papa y camote, o batata—. Este grupo, rico en carbohidratos, aporta energía de rápida utilización. En el segundo están las leguminosas —frijoles, soya, lentejas, garbanzos y habas— y algunos alimentos de origen animal, como la carne, el pescado, los huevos y la leche y sus derivados. Todos ellos suministran proteínas, hierro, cinc y varias vitaminas. En el tercer grupo se hallan las frutas y las verduras, que aportan vitaminas y minerales esenciales, así como fibra y energía, además de representar la única fuente natural de vitamina C.
Según el doctor Héctor Bourges, director de nutrición del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ), de México, la dieta sana debe ser equilibrada y contener alimentos de estos grupos en cantidad suficiente. Nos aconseja “incluir por lo menos un alimento de cada grupo en cada comida y variar lo más posible los alimentos que se usan dentro de cada grupo, así como la forma de prepararlos”.
Veamos el caso de María. Vivía con su familia en Atopixco, comunidad rural del estado mexicano de Hidalgo. Eran muy pobres, y su dieta básica estaba compuesta de tortillas, frijoles, pasta, arroz y chiles. A diferencia de la familia de Angélica, mencionada en la introducción, se alimentaban también de calabacitas, chayotes, hongos y plantas herbáceas, como la verdolaga y el quelite, muchas de las cuales las recogían en el campo. Además, trataban de comer de vez en cuando fruta de temporada. Como consecuencia, gozaban de mejor salud.
El doctor Adolfo Chávez, jefe del departamento de Nutrición Aplicada y Educación Nutricional del INNSZ, recomienda que los productos animales sean un complemento, no la base de la alimentación. Por ejemplo, podría prepararse un plato con huevos combinados con papas, verduras o frijoles. “Es lo que en nutrición se llama ‘extensión’”, dice el doctor Chávez. Sin embargo, tenga la precaución de siempre lavar bien las frutas y verduras, sobre todo las que vaya a comer crudas.
La dieta también debe adecuarse a cada individuo, por lo que han de tenerse en cuenta factores como la edad, el sexo y el estilo de vida. En el caso de los adultos, se recomienda ingerir dos porciones de fruta o verdura en cada comida y aumentar el consumo de cereales integrales y legumbres, mientras que deberían tomarse pequeñas porciones de alimentos de origen animal, preferentemente pescado, pollo sin piel y carnes magras. También se aconseja limitar el consumo de grasas y azúcares.
Incluso quienes viven en países en desarrollo y están afectados por la pobreza pueden mejorar su dieta. ¿De qué manera? Escogiendo alimentos nutritivos, variándolos y combinándolos, como por ejemplo, mezclando cereales y legumbres. Pueden utilizar pequeñas cantidades de carne o huevos para aumentar el valor nutritivo del plato, así como aprovechar las verduras que crezcan en la zona y las frutas de temporada.

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