
Según la Fundación de Lucha contra el Cáncer de Piel, de Nueva York, hay más casos de este cáncer que de cualquier otro, y más de 90% de ellos se deben a la exposición excesiva al sol. Los tres principales tipos(carcinoma basocelular, carcinoma de células escamosas y melanoma maligno) se localizan en la epidermis, la capa más externa de la piel.
El carcinoma basocelular, el más común y menos grave de todos, antes afectaba sobre todo a hombres viejos que trabajaban a la interperie, pero hoy lo contraen hombres y mujeres casi por igual y a menor edad. Suele localizarse en la nariz, los párpados, las mejillas y el torso.
El carcinoma de células escamosas puede presentarse en cualquier parte del cuerpo, pero sobre todo en las más expuestas al sol. Uno y otro pueden manifestarse como llagas que no sanan. El carcinoma basocelular adopta la forma de un abultamiento pálido, ceroso y perlado; el de células escamosas es una mancha roja con una costra lisa o escamosa en el centro y el contorno opaco. De quienes contrajeron alguno de los dos en 2008 en Estados Unidos, menos de 1% ha muerto de la enfermedad, pero el 99% restante corre mucho más riesgo de contraer melanoma maligno.
La incidencia de este último ha aumentado a un ritmo de 4% anual por ciento anual desde 1980, por varias razones: hoy llegamos a más edad que antes, pasamos más tiempo al aire libre, nos asoleamos con menos ropa y nos hemos aficionado al bronceado. El melanoma maligno suele manifestarse como uno o más lunares que aumentan de tamaño o cambian de color. Los más graves se ulceran y sangran fácilmente. A los hombres tienden a aparecerles en el torso, y a las mujeres en las piernas. Cuando un melanoma se propaga comúnmente afecta otras partes de la piel, el hígado, el cerebro o los huesos.
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